martes, 5 de mayo de 2009

Despertar

Qué acto tan sencillo innato (igual que respirar), sólo abre tus ojos y vas tomando conciencia poco a poco. Te ubicas espacialmente e identificas poco a poco lo que hay a tu alrededor: cosas, personas, temperatura, sencillo, ¿No?, rutinario, pero…

¿Qué pasa cuando le agregas los ingredientes mágicos a esta receta? ¿Qué pasa si al tomar conciencia notas a dos personas a tu lado? Pero no dos personas cualesquiera: dos hermosas damas.

Una la mujer que todos esperan encontrar en sus vidas, la mujer de tus sueños, la que transforma lo ordinario en especial, la que suspira junto a ti y parece que ese aire llena tus pulmones también, la observas y está ahí medio desnuda, despreocupada, pareciendo no estar consciente de las fantasías que provoca, de la felicidad que causa.

La otra de un cuerpo hermoso e infantil de apenas 8.5 kilos, de fragancia celestial, pequeña y gigante con una mueca de inocencia y despilfarro. Entonces...

¡Despertar se convierte en un regalo diario de Dios!

Enfrente de mi casa

Para inundar mi mente de formas bellas, sólo basta con escuchar los sonidos fuera de mi casa, sonidos con sabor a naturaleza: las aves, los borricos, los grillos, el viento, las ramas y hasta el silencio.

Para dotar de un fondo saludable a mi espíritu ora romántico, ora discreto, ora aventurero, camino al patio de mi casa y percibo la frescura, el olor a campo, la quietud y los entes juguetones que nos visitan cada mañana para dar movimiento y vida a este paraiso.

Y entonces, en algún momento llega la noche, y trae consigo una silueta plateada de montes solemnes, complices del amor y una lámpara traviesa de Dios en lo alto que más que romper la obscuridad pareciera abrazarla, es cuando la comunión entre mis universos me nombra su esclavo, su rey, su poeta.