Para inundar mi mente de formas bellas, sólo basta con escuchar los sonidos fuera de mi casa, sonidos con sabor a naturaleza: las aves, los borricos, los grillos, el viento, las ramas y hasta el silencio.Para dotar de un fondo saludable a mi espíritu ora romántico, ora discreto, ora aventurero, camino al patio de mi casa y percibo la frescura, el olor a campo, la quietud y los entes juguetones que nos visitan cada mañana para dar movimiento y vida a este paraiso.
Y entonces, en algún momento llega la noche, y trae consigo una silueta plateada de montes solemnes, complices del amor y una lámpara traviesa de Dios en lo alto que más que romper la obscuridad pareciera abrazarla, es cuando la comunión entre mis universos me nombra su esclavo, su rey, su poeta.

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