martes, 5 de mayo de 2009

Despertar

Qué acto tan sencillo innato (igual que respirar), sólo abre tus ojos y vas tomando conciencia poco a poco. Te ubicas espacialmente e identificas poco a poco lo que hay a tu alrededor: cosas, personas, temperatura, sencillo, ¿No?, rutinario, pero…

¿Qué pasa cuando le agregas los ingredientes mágicos a esta receta? ¿Qué pasa si al tomar conciencia notas a dos personas a tu lado? Pero no dos personas cualesquiera: dos hermosas damas.

Una la mujer que todos esperan encontrar en sus vidas, la mujer de tus sueños, la que transforma lo ordinario en especial, la que suspira junto a ti y parece que ese aire llena tus pulmones también, la observas y está ahí medio desnuda, despreocupada, pareciendo no estar consciente de las fantasías que provoca, de la felicidad que causa.

La otra de un cuerpo hermoso e infantil de apenas 8.5 kilos, de fragancia celestial, pequeña y gigante con una mueca de inocencia y despilfarro. Entonces...

¡Despertar se convierte en un regalo diario de Dios!

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